Los collages de las épocas
Poema original
Los collages de las épocas
Empuja la agonía desde las entrañas,
el cuerpo de la madre se fractura.
Eco de la primera división de una célula,
la aparición rara de dos a partir de uno.
Su corazón se expande para acoger
un nuevo rostro,
brotando frágil y amorfo
en el charco de su vientre
como un pez inmaduro.
Hay una tensión cálida en la tierra
que genera latidos
fluyendo a través de las ramas de los árboles
que se extienden en la madrugada
como dedos sedientos.
Sus senos saben a pétalos de rosa.
Entregan su sangre en la leche.
El fluido grueso es el agua bendita
que tranquiliza
a este vampiro recién llegado.
Su única opción es quedarse,
en la grieta que abrió en el barro
después del sismo.
Las profundidades del cielo encima
son otro vientre.
Nutre la carne frágil en sus brazos
o morir.
Ahora hay otro par de ojos,
aunque están ciegos.
La madre lame los ojos,
despertando con su saliva
las chispas frágiles de visión.
Juntos, la madre y el barro exhalan.
Ella levanta al bebé hacia el cielo,
como trofeo de una conquista
de un dios contra una inundación primigenia,
o un arca sostenida por las alas de ángeles
que está preñada
de los millones de caras
en los collages de las épocas.
La Giganta, Leonora Carrington


